CALABOZO…

Por El Condenadito

ROSAS BLANCAS.- Aún con el espíritu navideño que se respira y ya en vísperas de año nuevo, les dejamos como ha sido nuestra tradición en esta columna, está hermosa reflexión, esperamos les guste. “De prisa entré a una tienda departamental para hacer unas compras navideñas de último minuto. Miré toda la gente y renegué entre dientes. Estaría allí mucho tiempo pensé… Y tenía muchísimo que hacer. Navidad estaba comenzando a ser un enfado. Yo preferiría dormir, hasta que pasará la navidad, pero no tenía alternativa aún no había hecho las compras de los niños, entonces me dirigí al departamento de juguetes. Estando allí, renegué de nuevo, ¡los precios estaban tan altos!, y me puse a pensar si realmente mis hijos los apreciarían o los iban a arrumbar a los pocos días como muchas veces lo han hecho. Me encontraba en el departamento de juguetería y de reojo, mire un niño de unos 9 años abrazando una linda muñeca. Le tocaba su cabello y la abrazaba tan tiernamente, sin querer, seguía yo volteando hacia él pensando ¿para quién sería ese juguete? Lo mire que se dirigió hacia una mujer y le dijo: “Tía, ¿Estás segura que el dinero que traigo no me alcanza para comprarla?” La mujer le respondió con impaciencia: “No Alberto, tu sabes que no tenemos suficiente dinero, lo siento.” Su tía le dijo al niño que no se moviera de allí. Que ella tenía que buscar otras cosas Y regresaría en pocos minutos. El niño continúo abrazando la muñeca. Entonces me acerque y le pregunte que para quién era la muñeca. Él me contestó: “Es la muñeca que tanto pidió mi hermanita para Navidad. Ella estaba segura que Santa Claus se la regalaría.” Yo le dije que quizás Santa Claus se la llevaría y él me contestó: “No, Santa no puede ir a donde está mi hermana… yo tengo que darle la muñeca a mi mamá para que ella se la lleve.” Le pregunté que en dónde estaba su hermanita. Me miró con sus ojos llenos de tristeza y me dijo: “Ella se ha ido a con Diosito. Y mi papá dice que mamá tendrá que irse también para estar con ella.” Mi corazón casi paró de latir. Luego me volvió a mirar el niño y me comento: “Hable con mi papá para que le dijera a mi mami que no se fuera todavía. Que esperara hasta que yo volviera de la tienda. Yo quiero tanto a mi mamá, y quisiera que no tuviera que dejarme, pero papá dice que necesita estar con mi hermanita.” De su bolsillo saco una foto arrugada de él mismo y me la enseño, me dijo que se la quería dar a su madre antes de que partiera para que no se olvidara jamás de él. Entonces miré que el niño agachó su cabeza y unas lágrimas rodaron por sus mejillas. Mientras él no miraba, metí mi mano a mi bolso y tomé un puño de billetes. Y le pregunté: “¿Contamos de nuevo el dinero?” Albertito se puso muy contento y me respondió que sí. Que él sabía que tenía que ser suficiente. Metí mi dinero entre el de él y lo comenzamos a contar. Era lo suficiente para la muñeca. Suavemente dijo: “¡Gracias Diosito!” Entonces el niño me dijo: “Le pedí a Dios que me diera suficiente dinero para comprar esta muñeca, para que mamá se la pueda llevar a mi hermanita. Y Él escuchó mi oración. También quería pedirle para poderle comprar una rosa blanca a mí mamá, pero no se lo pedí, y creo que me va a alcanzar para ¡comprársela también! es que… a ella le encantan las rosas blancas. A pesar de la tragedia que vivía, se le notó en su carita que estaba feliz. En unos momentos vi que regresaba la tía y yo me fui hacia el otro lado. No podía dejar de pensar en el niño mientras terminaba de hacer mis compras. Ya tenía yo una actitud y sentimiento totalmente diferente que cuando comencé, pero sin dejar de pensar en el niño. Seguí pensando en una historia que había leído en el periódico unos días antes, acerca de un accidente causado por un conductor ebrio, el cual había provocado un accidente donde había perecido una niñita y su mamá estaba en estado de grave. Me di cuenta de inmediato que este niño pertenecía a esa familia. Dos días más tarde leí en el periódico que la mujer del accidente había muerto. No me podía quitar de la mente al niño. Más tarde ese día, fui y compré un ramo de rosas blancas y las llevé a la funeraria donde estaba el cuerpo de la mujer. Y allí estaba, la mujer del periódico, con una rosa blanca en su mano, una hermosa muñeca, y la foto del niño de la tienda. Me fui llorando… mi vida había cambiado para siempre. El amor de aquel niño por su madre y su hermana era enorme. En un segundo, un conductor ebrio le había destrozado la vida en pedazos a aquel niño. Ahora tu tienes la opción, tu puedes ayudar a alguien más: “Los amigos son ángeles que nos ayudan a ponernos de pie otra vez cuando nuestras alas se olvidan como volar”… Y bien amigos lectores, anticipadamente les deseamos un ¡Feliz y próspero Año Nuevo! Que las bendiciones del Creador estén con ustedes y sus familias… Comentarios y denuncias ciudadanas escribir a condenadito15@hotmail.com o a condenoticias@gmail.com

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